Meditar
Es evidente que ciertos aspectos de nuestra mente se nos
escapan. Ansiedad, depresión, tensión, son consecuencia del
ritmo de vida actual.
En las tareas diarias nuestra mente controla la actividad motriz, y genera ideas y pensamientos relacionados.
Es tanta la incidencia de las actividades en nuestra vida, que la mente queda "atrapada" en una especie de circulo, donde se realimenta pensando e imaginando posibles o supuestas situaciones, y así continúa aun cuando
deseamos descansar.
Y si buscamos otra actividad que nos distraiga para "desconectarnos",
generalmente terminamos en otra exigente actividad.
Esta hiperactividad cansa hasta el agotamiento. Y cuando aun cansada
la mente persiste, el cansancio se torna stress. Se agota la paciencia,
todo molesta, y uno se vuelve intolerante. Entonces hay
agresividad, tanto hacia los demás como sobre nosotros mismos.
Aparecen conflictos y dolencias.
Muchas veces este estado
conduce al consumo de psicofármacos, con la intención de "cortar" el circulo
realimentado de la mente, y posibilitar algún descanso. Pero dura
hasta que el organismo se acostumbra al fármaco.
La meditación,
en cambio, termina con el círculo de retroalimentación. La
correcta meditación libera la mente, porque cesa la cascada de
ideas, emociones y pensamientos, y experimenta un estado de
placentera relajación. Esto induce dos cambios trascendentes:
Uno, termina con el stress y sus consecuencias. El otro, un
notable incremento en la percepción. Al quedar libre de su
encierro en el circulo de pensamientos, la mente percibe con
libertad lo que nos rodea. Comenzamos sentir la riqueza
del ahora; detalles y vivencias que no percibíamos. Otro notable
efecto, es que los conflictos que antes parecían
insuperables nos resultan fáciles de resolver. Meditar con
constancia y continuidad genera paz interior, y mejora
nuestra salud física y mental.